NASCAR pierde a uno de sus nombres más grandes
Kyle Busch murió a los 41 años, de acuerdo con el comunicado conjunto de su familia, NASCAR y Richard Childress Racing. La noticia sacudió al paddock estadounidense: horas antes se había informado que el piloto había sido hospitalizado por una enfermedad grave y que no tomaría parte en la Coke 600.
De Las Vegas al centro de NASCAR
Nacido en Las Vegas, Kyle creció en una familia marcada por la velocidad. Su hermano mayor, Kurt Busch, también llegó a lo más alto de NASCAR, pero Kyle construyó su propio camino con un estilo mucho más frontal: agresivo, técnico, explosivo y profundamente competitivo.
Su carrera en la Cup Series comenzó muy joven y pronto dejó claro que estaba hecho para ganar. Con Joe Gibbs Racing alcanzó sus dos campeonatos de la máxima categoría, en 2015 y 2019, consolidándose como uno de los grandes referentes de la era moderna.
El piloto que nunca corrió a medias
Busch acumuló 63 victorias en la NASCAR Cup Series y se convirtió en el piloto con más triunfos combinados dentro de las tres series nacionales de NASCAR. Ese dato explica mejor que cualquier apodo lo que representó: un piloto capaz de subirse a cualquier coche, en cualquier categoría, y pelear por ganar.
“Rowdy”, el competidor que NASCAR necesitaba
Su apodo, “Rowdy”, no era gratuito. Kyle Busch corría con una intensidad que parecía no tener punto medio. Era temperamental, sí, pero también metódico. Podía ser polémico fuera del auto, pero dentro de la pista tenía una lectura quirúrgica de la carrera.
En 2023 fue incluido dentro de la lista de los 75 pilotos más grandes en la historia de NASCAR, un reconocimiento que ya anticipaba su lugar en el Salón de la Fama.
Hoy, NASCAR no solo despide a un bicampeón. Despide a una figura que entendió el automovilismo como espectáculo, batalla y legado.
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